La CX-5 creció y se transformó en un producto para todos, no solo para uno
Escuchar al consumidor no siempre sale bien para los fabricantes de automóviles. Coches exitosos han desaparecido por eso, como el Thunderbird, por ejemplo. Pero hay ocasiones en las que, al hacerlo, el producto deja de ser bueno solo para uno o dos y pasa a ser placentero para todos, es lo que pasa ahora con la nueva Mazda CX-5.



Con 11.5 centímetros a más de largo total, esta camioneta ofrece el espacio que faltaba para pasajeros y equipaje, de paso otorgando al que tiene una, un aire tan imponente como el de las CX-70 y CX-90. O casi. El hecho es que su diseño recuerda al de sus hermanas mayores, aunque mecánicamente sea muy distinta, lo que puede ser bueno.
El interior es muy amplio y lo primero que se nota es la nueva pantalla, que en el caso de la versión que probamos mude 15.6 pulgadas. Esa pantalla pasa a ser táctil todo el tiempo, en lugar de solo permitir manipularse de esa manera cuando estaba detenida, como pasaba con los modelos anteriores. La definición es muy buena, tiene CarPlay y Android Auto inalámbricos, cámara 360 y la posibilidad de elegir si quieres o no algunas asistencias a la conducción.
Menos poder, más confort







Bajo el cofre aún más largo, el motor sigue siendo de cuatro cilindros, con 2.5 litros de aspiración natural. Ya no está disponible el turbo con 228 HP, que dejará a muchos con sentimiento de nostalgia. De hecho, ya ni siquiera tiene los 189 del aspirado anterior. Ahora la potencia es de 177 HP, aunque tenemos que confesar que la diferencia no se percibe mucho, porque el motor aspirado anterior no era para entusiastas y, naturalmente, este nuevo, lo es menos. La nueva CX-5 maduró como lo hizo el Mazda 3 en 2019, buscando ofrecer más refinamiento y calidad de marcha que emoción de conducir. Ojo, no nos parece que haya perdido ese espíritu “zoom-zoom” que la marca siempre tuvo, sigue ofreciendo una conducción más precisa, refinada y llena de aplomo que todas sus rivales. Si antes el conductor era el único feliz —por la precisión de manejo, no por la capacidad de aceleración— ahora todos irán a sus anchas. La tracción es delantera y la caja sigue siendo automática convencional de seis cambios, lo que muestra que Mazda prefirió apostar por la fiabilidad sobre el desempeño.
Con la mayor distancia entre ejes, mejoró la calidad de marcha. Es un paso más en la dirección de la sensación premium que la marca nipona ha buscado ofrecer en los años recientes. El que extrañe el turbo, mejor que espere la híbrida, que debe llegar el próximo año. Por lo pronto lo que obtendrá es una muy buena camioneta, que finalmente tiene el espacio de rivales como la CR-V, con la fiabilidad y acabados de Mazda. Ah, y también con un precio mucho más contenido que sus rivales.





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