Sergio Oliveira
Se dice que si ponen a un hombre a elegir entre tres mujeres: una sencilla, una ahorradora y una buena madre, él escogerá la que tenga la mayor talla de brasier. Más allá del machismo y sexismo de este viejo chiste, el hecho es que en la hora de escoger un auto nos portamos todos, hombres y mujeres, con la misma irracionalidad y llevamos a casa el que más nos gusta. Pero hay muchos que llevan su elección a un nivel casi religioso, que no entienden cómo alguien pudiera comprar un coche distinto al suyo. Ese fanatismo encuentra terreno fértil en las redes sociales, donde los “fan boys” muestran los dientes ante cualquier crítica a su auto o marca favoritos. México, obviamente, no es la excepción.
Uno de los grupos de fanáticos más importantes es el de los amantes de Volkswagen. Los “vaguetos”, una referencia a VAG, Volkswagen Aktiengesellschaft, o simplemente, Grupo Volkswagen, tradicionalmente han mirado a los demás desde arriba, argumentando la supuesta superioridad alemana. Desde el primer Golf, vendido aquí como Caribe, hasta el GTI, considerado por ellos el mejor hatchback del mundo. Pero en México nadie elevó tanto el nivel de pasión por un auto como los fanáticos del Jetta, en especial su cuarta generación que, dígase de paso, fue la mejor. Que nadie se atreva a criticar sus 115 caballos, ni la suspensión trasera, tampoco su “europrecio”. El Jetta era “el auto”.
Como en su momento también pasó con la Chevrolet Cheyenne. Ninguna pickup se le acercaba en capacidad, diseño y suavidad de suspensión, dirían muchos de sus siempre fieles clientes, que solo competían en fanatismo con los amantes de su rival de enfrente: la Ford Lobo, otra considerada vehículo superior, sin nada que se le compare. En ciudades donde las pickups son amadas y usadas como todo, menos como vehículo de carga, como Guadalajara o Monterrey, ambas fueron y son veneradas. Hoy el fanatismo de los amantes de las “trocas” está con la Tacoma, cuyos defensores la ponen en un pedestal tan alto que necesitan mirar a los demás con binoculares. Tacoma es una divinidad para ellos.
De Mazda a Tesla
Desde que llegó a México, Mazda conquistó el corazón de muchos. En otros países, su coche más emblemático y que genera fanatismo es el MX-5, pero probablemente por una cuestión de poder adquisitivo, en México fue el Mazda 3 el que logró construir una enorme base de fanáticos, que se sentaban en la superioridad nipona para desde ahí mirar a los demás feligreses con la parsimonia de quienes los perdonan solo por su ignorancia, al no reconocer que su “M3” era realmente, el mejor.
Ya que hablamos de M3, los dueños de BMW también tienen su nivel elevado de egocentrismo y aunque su coche pudiera costar la mitad que, digamos, una Suburban, al no tener la hélice azul y blanca de Bavaria en la carrocería, inmediatamente se encontraban en un nivel inferior al suyo. ¿Mercedes-Benz? Para viejitos. ¿Audi? Para “vaguetos”. Solo su marca y en especial, su auto, es el bueno.
Otro grupo importante es el de los muscle cars estadounidenses, en particular los amantes de los Mustang. Fueron capaces de defender a sus autos a punto de transformar en virtudes sus defectos y la suspensión trasera de eje rígido no era un problema, era “hecha para los que realmente saben hacer curvas con los pies”. Camaro y Challenger también tienen lo suyo pero más que nada los fanáticos entre esos se encuentran en los defensores de Mopar, la marca estadounidense productora de partes y accesorios de Stellantis.
Hay varios más pero hoy, lo que más se acerca a una secta cuando hablamos en fanatismo de los autos, son los amantes de Tesla. En general son “millennials”, que crecieron jurando que los autos eléctricos son la salvación del planeta y que dentro de ellos, Tesla es la única marca que vale la pena. Estuvieron solos en esa cima imaginaria durante tanto tiempo, que cuando BYD rebasó a los estadounidenses en ventas totales de autos eléctricos, no sabían muy bien cómo reaccionar, pero hoy argumentan con la “pureza” y el pionerismo de Tesla. Lo hacen con vehemencia y parecieran dispuestos a usar cualquier medio a su alcance para defender a su amada marca.
Es inútil mostrar a un fanático que todo cambia y que el Jetta no es el mejor auto del mundo, como algunos pensaban. Tesla tampoco. Para ellos, su auto es el mejor. Punto.





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