Sergio Oliveira
El tratado de libre comercio entre los tres países de América del Norte, TLCAN, será renegociado el próximo mes. La idea de Estados Unidos, el que más puja por cambios en su beneficio, es aumentar el contenido de producción regional y hacer que el contenido de producción en Estados Unidos sea de 50%. El que quiera beneficiarse de la libre frontera, tendría que hacer la mitad de cada coche en el vecino del norte. Es natural que uno luche por lo mejor para sí mismo, el tema es que parece haber algunas interpretaciones distintas sobre qué es lo mejor.
Los tres mayores fabricantes estadounidenses, General Motors, Ford y Stellantis (sí, esta última ya no es tan estadounidense como cuando era Chrysler), ya dijeron que van a perder mucho dinero si los planes de aumentar el contenido regional más arriba de los ya complicados 75% de hoy, sumados a la idea del 50% hecho en EUA, los harían perder mucho dinero y estiman en 2 mil millones de dólares, en promedio, cada una. Porque los autos llevan partes que vienen de todo el mundo e imponerles impuestos lo que causará es aumentar el precio para los consumidores locales.
Claro, Estados Unidos aún es un inmenso mercado, aunque sus ventas totales de 2025, de 16.3 millones de unidades, sean prácticamente la mitad de China y sus 34.45 millones. Pero el precio de venta promedio en la Unión Americana se encuentra entre 49 mil y 51 mil dólares, mientras que en China ese precio se ubica en 24 mil dólares. De ahí que haya muchas marcas, estadounidenses o no, enviando producción a Estados Unidos, como Hyundai, por ejemplo. O Ford, que ya anunció que transferirá parte de su producción de Lincoln de China a la Unión Americana.
El tema es que los vecinos del norte se están encerrando. Su mercado es enorme y atractivo por ser muy rentable, pero la competitividad internacional es cada vez más baja. Hacer coches en ese país funciona para venderlo dentro de su territorio, prácticamente en ningún otro lugar. El detalle es que lleva a México a un serio problema.
Dependencia peligrosa
México fue y es un magnífico lugar para fabricar autos. Tiene proveedores de alto nivel y acuerdos comerciales con Europa, Japón, Mercosur y, claro, Estados Unidos y Canadá. El punto es que su producción, alrededor de 80% de ella, se va a Estados Unidos. El mercado interno mexicano no es grande lo suficiente como para atraer inversiones en fábricas que no sean SKD o CKD, es decir, en las que las partes llegan previamente ensambladas de otros países. Las fábricas completas de aquí existen debido a la apertura comercial con Estados Unidos. En la medida en la que este mercado se vaya cerrando, nuestro país irá perdiendo competitividad.
Los rivales de México cuando hablamos de atracción de la inversión extranjera en el sector, son Tailandia, Indonesia, Marruecos, Brasil, Turquía e India. Salvo este último, que es fuerte por el tamaño de su mercado y también potencia exportadora, los demás son menos globalizados que México — nadie tiene tantos acuerdos comerciales— pero están atrayendo la inversión del país que más está exportando manufactura: China. Tailandia e Indonesia se llevan más de 50% de esa inversión. Brasil está también logrando que se hagan plantas en su país y presionando para que dejen de ser CKD y SKD, como es la fábrica de BYD. Incluso Europa está aprovechando la inversión china. Solo en España habrá nuevas plantas como la de MG en Galicia, por ejemplo. Muchas aprovechan viejas fábricas de otras marcas como Chery, que adquirió una de Nissan en Barcelona. Ford se unió a Geely para fabricar en Valencia. Leapmotor, de Stellantis, producirá en Zaragoza y Madrid. Incluso el gigante de las baterías, CATL, fabricará en España.
No es la primera vez que menciono en este espacio la necesidad de quitarse, o al menos disminuir de manera importante esa dependencia de Estados Unidos. Por supuesto que no es fácil. También es comprensible entender que el actual gobierno de EUA no es eterno. Tampoco estoy afirmando que atraer el capital chino sea la solución y esa solución, obviamente, no la tengo. Mantenerse como potencia manufacturera en la industria automotriz implicará mucho esfuerzo, creatividad y juego de cintura político para no ir en contra del mayor socio de hoy, pero seguir abriendo si no las puertas, al menos los ojos para vislumbrar que el socio de hoy, no necesariamente será el de mañana.





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