Sergio Oliveira
El mundo se dejó deslumbrar por Elon Musk. Nuevamente. Con el Tesla Roadster, la fantasía de muchos de un auto volador finalmente se vio, si no realizada, al menos más cercana. Claro, primero hay que decir que no es un roadster realmente, porque no es convertible. Además, sus vuelos son tan cortos que decir que salta sería más correcto. Pero a diferencia de los autos voladores que llegaron antes, el Tesla es un auto, no un dron o un avión con base de auto como algunos, ni un auto con alas plegables, como otros. Esos, sin embargo, no son sus mayores pecados. Su mayor defecto es haber eclipsado el lanzamiento del que probablemente sea el mejor coche presentado en el año: el Porsche Mission S.
Al contrario del Tesla Roadster, que tuvo un retraso de nueve años —sí, leíste bien, nueve años— para su presentación, más lo que falta para su lanzamiento, el Mission S fue diseñado en tan solo ocho meses. Cuando Tobias Sülhmann llegó al puesto de jefe de diseño de Porsche, en febrero pasado, fue llamado por el Jeje Ejecutivo de la marca, Michael Leiters, quien le dio la tarea de desarrollar un deportivo que estará en la gama de la marca por arriba del 911. No era una tarea menor. Es la primera vez que Porsche hace un auto por arriba de su auto más emblemático, sin que sea una edición especial limitada. El más reciente fue el 918 del que se hicieron, bueno, 918 unidades.
Sülhmann hizo un trabajo extraordinario. Con lineas de una limpieza absoluta, diseñó un coche como debe de ser en una marca que nadie necesita: de ensueño. Si la Cayenne la salvó de la muerte para permitirnos seguir deseando un 911 y la Macan le aumentó el volumen de ventas lo suficiente como para soportar el fracaso de sus eléctricos, los autos que hacen de Porsche ser lo que es son los deportivos. Y el Mission S es un deportivo hermoso, que a mí se me antoja tener incluso sin necesidad de conocer sus especificaciones. Y hay un detalle que lo hace importante para toda la industria automotriz.
Sin pantalla. Muchas gracias.
Por fuera, el Mission S, cuyo nombre definitivo aún es un secreto muy bien guardado por la marca, tiene elementos que claramente muestran que es un Porsche, como los faros ovalados que se meten un poco debajo del cofre, una especie de homenaje a la generación de los faros de “huevos rotos”. La trasera es musculosa y el alerón integrado puede subir, dependiendo del manejo. Las calaveras no son unidas, pero insinúan esa unión gracias al nombre de la marca ubicado entre ellas y con letras ligeramente más robustas que ellas que, por cierto, se unen a una delgada linea que rodea todo el auto, pasando por los costados y terminando con los faros. La fe en el diseño occidental de autos está restaurada.
Lo mejor de todo es que será análogo y no eléctrico. Probablemente habrá versiones híbridas. Tendrá motor central, tracción trasera, caja manual —sí, también habrá automáticos— y, lo más interesante, atrevido y agradable, no tendrá ninguna pantalla. En su lugar hay instrumentos análogos, como el tacómetro y el velocímetro, que podrán incluso acercarse al piloto en ciertas circunstancias. ¿Lo mejor? Los clientes así lo pidieron. Porsche, afortunadamente, los escuchó. Habrá un lugar, con imán incluso, para que puedas poner tu celular y mantener esa adición a las pantallas que tenemos todos, pero lo importante será conducir, escuchar el motor detrás de tu cabeza y disfrutar un auto como solo Porsche es capaz de hacer. ¿Precio? Si tienes que preguntar, es que no puedes pagarlo.
Hay otros detalles de tecnología importantes y el que se haya desarrollado tan rápido muestra que sí se quiere pelear contra los chinos, pero pienso que la ausencia de pantallas es el más significativo. Cuando Bugatti lanzó el Tourbillon con una mini pantalla retráctil y todos los demás instrumentos análogos, estaba diciendo al mundo que un reloj digital jamás será refinado. El Mission S refuerza esa postura. Mañana, el que piense que la enorme pantalla de Tesla es sinónimo de tecnología de punta, estará, finalmente, fuera de moda. Las pantallas son útiles para las cámaras de reversa, pero estorban el buen manejo, al quitar nuestros ojos de la carretera. A partir de ahora, también serán sinónimos de autos baratos y de gusto dudoso. Aplausos por eso.





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