Sergio Oliveira
Cuando los europeos conquistaron a América, del norte al sur, cambiaron cristales y herramientas por el oro de las tierras conquistadas. Para los locales entonces, el oro no tenía valor monetario, solo decorativo. Pero la anécdota quedó como ejemplo de cambio injusto, de engaño, aún cuando los indígenas de entonces no eran tontos como se puede pensar, simplemente tenían otros valores. Con la exportación masiva de autos chinos a México, muchos comparan el fenómeno con la época de la conquista y afirman que los chinos nos venden “espejitos” a cambios de nuestro “oro”. Tal vez sea justicia histórica o “karma”, pero el hecho es que, si esto es cierto, también los europeos están ahora comprando “espejitos” chinos. Y 20% del total de la venta de autos particulares en el Viejo Continente, ya es de vehículos chinos. ¿Se volvieron “tontitos” los europeos?
China tiene una capacidad de producción de autos de alrededor de 50 millones de unidades por año, aunque su producción en 2025 fue de 34.5 millones. Su mercado interno consume 27.3 millones y exportaron 8.3 millones de vehículos el año pasado, este último número incluye vehículos que se tenían en inventario (poco más de un millón) y vehículos vendidos en partes para plantas que los arman fuera de China, como la de BYD en Brasil, la de JAC en México o la de Chirey en Barcelona. Su necesidad de exportar es enorme, porque el país apostó todo en la industrialización pero su mercado, pese a lo enorme que es, no creció al ritmo que ellos calcularon. Exportar en ese momento, 2020, no estaba en sus planes, al menos no en sus planes revelados, de ahí que se fueron a donde pudieron. México fue el primer mercado grande al que irrumpieron, seguido de Brasil y ahora, de Europa, obviamente el mayor de todos, antes de llegar a Estados Unidos, algo que lo harán más pronto que tarde, que no quede ninguna duda.
Pero el Viejo Continente, tradicional fabricante y diseñador de los mejores y más bonitos autos del mundo —dije mejores, no más fiables o durables— está sucumbiendo a los “espejitos” chinos. Las marcas del gigante oriental ya representan 11.3% del mercado europeo.
Localización
En España, las ventas de autos de marcas chinas ya son 14.2% del mercado total, 20% si hablamos de vehículos vendidos a clientes particulares. En Portugal son 9.1%. En Inglaterra alcanzan a 19.1% y una encuesta reciente de Carwow muestra que 49% de los ingleses considera comprar un chino en el futuro. El último bastión europeo es Alemania, pero sus defensas se están cayendo. Alemania fue el mayor impulsador de los aranceles que hoy se aplican a los autos chinos, que varía del 17% al 37%. Pero estos aranceles se aplican solo a los autos eléctricos, dejando de fuera a los híbridos convencionales y a los Plug In Hybrid y ahí atacan los chinos. A esto se suma el que el mercado alemán no ha levantado de la pandemia —se estima que no lo hará antes de 2035– y que muchos distribuidores han cerrado sus puertas. Para el tradicional y fiel consumidor alemán, ya no tener al concesionario de toda la vida es una traición que, esperan los chinos, será vengada haciéndose de un auto de ellos. Hoy, China solo tiene el 1% del mercado germano, pero con la fábrica de BYD en Hungría, la única planta completa de una marca china en continente europeo, esto debe cambiar y no solo por los aranceles que ya no se pagarán.
En otros mercados, principalmente en España, ya hay seis plantas chinas y hay más en el camino, posiblemente otra de BYD. También hay en Polonia e Italia, con Leapmotor, asociada a Stellantis. En Sagunto, España, hay un proyecto para que el fabricante chino de baterías Gotion, se una con Volkswagen y esto allanaría aún más el camino de los chinos sobre el continente y, particularmente, hacia los alemanes.
Con una economía viviendo serios problemas desde la guerra entre Rusia y Ucrania, agudizado por el cierre de pasos estratégicos como el estrecho de Ormuz, la tentación de los chinos, debido a precio y equipo, es enorme. El MG ZS, que cuesta 15 mil euros, es líder absoluto, junto con el MG3, el BYD Atto 2 y el Omoda 5.
Sí, los europeos, que nos dejaron sus cristales y espejos por nuestro oro, ahora se están dejando seducir por las pantallas, las luces y las baterías de los autos chinos. “Espejitos”, se podría decir.





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