Sergio Oliveira
Vivir en Europa, aunque sea una temporada como ahora, era algo tan distante, que ni siquiera me atrevía a considerarla. Pero cuando visitaba el Viejo Continente, me preguntaba con frecuencia qué auto me compraría si eso pasara. Principalmente porque cuando comencé a visitarla, a finales de los 90, Europa era la Disneylandia de los autos. Pero la realidad actual me mostró varias cosas, entre ellas que el mundo cambia y que a veces el pastel no es tan rico como se ve en la vitrina. Por esto, mi primer auto en España, no es ni remotamente lo glamoroso que pensé que sería, como algunos de ustedes ya lo saben.
Hay que decirlo que no es lo mismo soñar con un auto que comprarlo. Porque uno sueña con coches emocionantes, no con la SUV o miniván que termina comprando porque es donde caben las sillas de niños o simplemente porque no quiere pelearse con la esposa. Otro tema es que, en los últimos años, los autos europeos han perdido mucho de su encanto, principalmente porque las marcas comenzaron a hacer productos para satisfacer al mayor mercado del mundo: el chino.
Si los nuevos no me emocionan, al menos dentro del rango de precio que consideré gastar para la compra de un coche, entre 25 y 30 mil euros (entre 500 y 600 mil pesos, aproximadamente), hay muchos usados que sí. Cuando vi un Scirocco, por ejemplo, fue como decir: “Wow, quiero uno”. Luego te das cuenta de que cuestan alrededor de 15 mil euros (300 mil pesos) y que encontrar uno con menos de 100 mil kilómetros es rarísimo. Después empiezas a pensar también en qué estado estará, en que la fiabilidad nunca fue precisamente su mayor virtud, en que el costo de mano de obra de las inevitables reparaciones es muy elevado, etcétera. Pasa lo mismo con varios otros modelos, de marcas como Opel o Citroën, que ambas me gustan mucho, pero que racionalmente, no es una compra que valga la pena, sino un capricho.
Es lo que hay
El tema, sin embargo, va aún más allá. Cuando te haces migrante, aunque temporalmente, te das cuenta que muchas de las cosas que harás y de las que comprarás, son lo que lograste, no lo que querías. Para comprar el Honda Jazz que ahora estoy estrenando, visité a agencias de Renault (2 de ellas), Toyota, Ford y Mazda. Y visité esas agencias porque ellas eran las que ofrecían vehículos con las características que yo necesitaba, que me permitieran circular y estacionarme sin mayor problema en Madrid, por lo que buscaba tener calcomanía ECO, otorgada a los HEV o Mild Hybrid. Calcomanía Cero sería aún mejor, si fuera eléctrico, pero eso es algo para el cual el mundo aún no está listo. Bueno, dejemos en que yo no estoy listo, para no entrar en mayor polémica.
Las restricciones se deben a que los europeos siguen con su cruzada ecológica e imponiendo condiciones más severas para los que contaminan más. Es cierto, Francia y España están considerando relajar esas medidas, que ante los ojos de algunos son discriminatorias para la gente que no puede comprar un auto nuevo, con lo que yo estoy de acuerdo. El argumento contrario es que la gente de las grandes ciudades tiene el derecho de respirar mejor. Estaría de acuerdo si hubiera, hoy, una solución económicamente viable para reciclar las baterías.
Como recién llegado a España y sin ser un exitoso empresario como muchos de los mexicanos que hoy invaden el barrio de Salamanca, en la capital española, no soy sujeto a crédito, por lo que necesitaba comprar el auto de contado. Pocos quieren vender así. El Renault Symbioz no fue elegido porque no fui atendido en la primera agencia y traté con un vendedor poco informado en la segunda. El Yaris Cross no fue porque la vendedora no quiso tomarse la molestia de hablar a un agente de seguros para preguntar si yo podría hacer un seguro sin licencia de conducir española. El mismo motivo me alejó del Ford Puma y, como en la primera Renault, la falta de atención no me permitió estar estrenando hoy una Mazda CX-30 Mild Hybrid.
Por eso hoy, mi primer auto “europeo” es un Honda, que recibí con la misma atención con la que me trataron en la venta. La parte triste fue que, al contar mi historia la semana pasada, muchos dijeron haber vivido lo mismo. México 1×1 España.





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