Sergio Oliveira
Apenas empezaba a circular y lo escuchaba. Venía, según yo, de la unión del plástico rígido que forra el pilar A, del lado del copiloto. “Está fácil de localizar y corregir”, pensé, sin tener idea de lo equivocado que estaba. Cuatro años más tarde, la Rav4 modelo 2004 dejó nuestra casa con el mismo ruido con el que llegó de la agencia. Tengo que confesar que solo quedó tanto tiempo en mi cochera, porque era mi esposa quien la usaba diariamente, porque yo no lo hubiera soportado. Y reconozco las enormes virtudes de la camioneta que me gustaba más en esa época que ahora, cuando era chica y estéticamente muy agraciada. Los ruidos en los autos, confieso, me desquician y pueden cambiar totalmente la experiencia de conducir, para bien o para mal.
Jamás se nos va a olvidar a Luis Sillas y a mi, el día que condujimos un Audi RS5 y un VW Gol. El Audi, con poco más de cuatro mil kilómetros, gran diseño, acabados, potencia, equipo, era una maravilla de la ingeniería alemana. Pero era también, como decimos en México, una verdadera sonaja. En un circuito, seguramente sería el auto que quisiéramos, pero en las callas imperfectas en las que andamos, no, gracias. Dejamos el Audi y nos subimos a un Gol, con 15 mil kilómetros en el odómetro. Y ese chico humilde, de bajo costo, con materiales baratos en su interior, estaba tan bien armado que no le sonaba absolutamente nada. Ambos estábamos impresionados. Mucho más por el Gol que por el Audi. Porque éste último, con mucho más equipo y diseñado para ser deportivo, sabíamos que ya había sido maltratado por prácticamente todos los colegas de la CDMX que lo habían probado antes que nosotros. Además tiene mucho más partes, lo que aumenta la posibilidad de generación de ruido. Sabemos que el Gol que condujimos era una excepción a la regla, porque este no era precisamente un auto reconocido por ser así de silencioso. Pero ése lo era y en ese día, ambos concluimos que era más agradable andar en el VW barato que en el Audi “fifi”.
Ingeniería dedicada
Las marcas saben que el llamado NVH (ruidos, vibraciones y asperezas, por sus siglas en inglés) son un punto muy importante en el diseño y construcción de los automóviles. Tanto que tienen departamentos dedicados a esto. Porque los ruidos en un auto disminuyen mucho la percepción de calidad. Y vaya que hay muchos qué evitar, como el del viento en los retrovisores o en las ventanas, el de los neumáticos en el piso, el del motor, etcétera. La mayor parte se da por el golpeteo entre partes metálicas, que deben ser aislados por amortiguadores como hule, por ejemplo, donde esto sea posible. La suspensión es otra de las fuentes de ruido importantes y de la calidad de los bujes depende mucho qué tan corriente o refinado se siente el sistema al pasar por baches e imperfecciones. Una de las mayores fuentes de vibraciones que terminan produciendo ruidos desagradables son los neumáticos. Mientras mayores y de perfil más bajo, menos cómodo será el auto y más vibraciones recibirá al circular. Pero están de moda los rines grandes y las llantas de bajo perfil y a muchos no les importa hacer ese sacrificio. De hecho, pienso que la mayoría no sabe que hará ese sacrificio al elegir la versión con rines mayores en su auto.
Como conductores también provocamos más ruidos en el auto. Por ejemplo, pasar por topes y baches a velocidades más altas de lo recomendable, al cruzar los topes en diagonal (se tuerce la carrocería y afloja partes del auto) o a subir dos ruedas en una banqueta, por ejemplo, que también produce torsiones.
Es muy difícil combatir los ruidos en un vehículo con más de 30 mil partes, claro. Más aún, cuando circula por calles en mal estado. Un eléctrico, por ejemplo, tiene menos partes y no hay ruido del motor; pero en general tiene suspensión más dura para aguantar el peso de las baterías y esto es fuente de ruidos. MINI, por ejemplo, siempre tuvo un gran manejo en parte por su rigidez de suspensión. Por lo mismo, siempre fue “una sonaja”.
La sensibilidad para el ruido depende de cada persona. Yo, soy extremadamente sensible y esta fue la parte que nunca disfruté de mi SLK 2006. Pero hay otros que son mucho menos sensibles y prefieren, más sabiamente, subirle el volumen el estéreo.
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