Sergio Oliveira
La semana pasada el consejo del Grupo Volkswagen AG, se reunió En Alemania para decidir un plan de acción para 2035. Se reveló un plan durísimo, tan duro que sorprende que haya sido aprobado por unanimidad cuando el sindicato de trabajadores y el gobierno de Baja Sajonia son parte de él y la decisión es de cortar 50 mil empleos adicionales a los 50 mil que ya se habían anunciado. Queda claro que la marca necesita algo así. De lo que no estoy tan seguro es de que las decisiones que fueron tomadas logren ser llevadas a cabo, principalmente por cuestiones históricas y de orgullo germano.
Volkswagen se impuso, en 2008, la ambiciosa meta de ser el fabricante número uno del mundo en 2018. Para esto tenía dos estrategias: hacerse de muchas marcas y fortalecer su posición en el mercado que, en 2009, pasó a ser el mayor del planeta: China. En 2016, los alemanes lograron ser el mayor fabricante del orbe, sin embargo, Toyota retomó esa posición en 2017 para ya no perderla. ¿Por qué Volkswagen no pudo mantenerse? Principalmente por culpa de China. En 2016, los alemanes lograron vender poco menos de 4 millones de vehículos en China y con eso tener 18% de ese mercado en el que entraron en 1984, cuando los chinos atrajeron a los mayores fabricantes del mundo a su país, con la carnada de que pronto serían el mayor mercado de la Tierra. Los que quisieran hacerlo deberían compartir no solo capital, también tecnología. El público chino sabía que las marcas locales no eran confiables y querían productos de marcas de prestigio de fuera. VW se unió a FAW y a SAIC, logró nada menos que 29 plantas en China y pasó a ser el líder absoluto en el gigante asiático, hasta que los locales aprendieron a hacer autos y, principalmente, se volcaron a los eléctricos, con BYD al frente. En 2024 VW cayó al segundo lugar en China. Y al tercero en 2025, detrás de BYD y Geely. China, que antes pagaba las cuentas de los elevados costos de producción de Europa, ahora ya no lo hace. El público local ya prefiere a los autos chinos.
Mejor, más rápido y más barato
El corte de 100 mil empleos no es la única decisión. Hay cuatro fábricas en Alemania amenazadas de cierre. El grupo quiere cortar a la mitad la cantidad de modelos que tiene en venta y reducir en 75% las variables que ofrece a los consumidores. También quiere volver a los nueve millones de vehículos anuales vendidos —el año pasado quedó por debajo de esto— y subir su margen de 3.8% a 9%.
El mercado respondió bien al plan. Las acciones crecieron cerca de 7% después del anuncio, pero llevan una caída cercana a 24% en lo que va del año. El tema es que falta ver si se puede realmente ejecutar ese plan y cómo. Llegar a 9% de margen es extremadamente ambicioso. Arreglar las cosas en China tampoco suena fácil.
Un día antes del anuncio del plan, un medio alemán dijo que se anunciaría la desaparición de la marca Seat, algo que está esperándose básicamente desde que Cupra dejó de ser el nombre de las versiones deportivas de algunos de sus autos para volverse una marca. Pese a que eso no se confirmó, los trabajadores en España están preocupados y sugieren aliarse con alguna otra empresa para evitar su desaparición, citando como ejemplo los acuerdos de Ford con Geely y Stellantis con LeapMotor. VW ya tiene los acuerdos mencionados con SAIC y FAW, además de Xpeng. Falta ver si es capaz de reducir sus tiempos de desarrollo y, más difícil aún, sus costos de desarrollo y producción. Los próximos dos o tres años deben ser los más difíciles. Primero porque hay que pagar el plan y se estima que ese coste será de 10 mil millones de euros. Luego porque hay un costo político por los despedidos y cierres de planta en Alemania, pese al enorme logro de la aprobación de los sindicatos y del gobierno.
Volkswagen necesita usar todas las armas de que es capaz: inteligencia, planeación, negociación y humildad, siendo esta última algo poco común en esas corporaciones tan grandes. Es irónico que VW haya entrado a China para enseñar a los chinos a hacer coches y ahora necesite estudiar los métodos de su ex alumno para hacerlos mejor —en el caso de los eléctricos— más rápido y más barato.





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